Qué es un Living Lab

Una de las preguntas que todavía teníamos pendiente por responder era la de definir qué esto de los Living Labs y justificar su proliferación a día de hoy no sólo a nivel nacional sino también europeo. Lo cierto es que no estábamos eludiendo responsabilidades pero dado que se trata éste del tema central sobre el que gira todo el blog nos apetecía mucho que fuera toda una autoridad en la materia quien nos ayudara a redactar esta primera entrada (y que sirviera a la vez de pistoletazo de salida o de inauguración oficial de la página). Por este motivo no nos costó demasiado llegar a la conclusión de que el Dr. Franceso D. Sandulli era la persona más indicada para hablar al respecto. Para el que no lo conozca, Francesco es Licenciado y Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales y trabaja como profesor tanto en la Universidad Complutense de Madrid como en la Universidad de Berkeley (Institute for Business Innovation at Haas School of Business) donde comparte docencia con el mismísimo Henry Chesbrough (padre del concepto de Open Innovation). Para aquellos que tenemos el placer de conocerlo decir que lo que más llama la atención de Francesco no es ni su extenso y brillante currículo ni su facilidad por explicar de manera fácil aquello que para muchos de nosotros resulta difícil sino su capacidad de compromiso y humildad. Ni que decir tiene que desde el CIAmI Living Lab estamos muy agradecidos de contar con el apoyo de Francesco en la redacción de esta entrada (¡mil gracias Francesco!).

Qué es un Living Lab por el Dr. Francesco D. Sandulli

El Living Lab es un fenómeno cada vez más popular tanto entre científicos como  empresarios y políticos. Sin embargo, la gran heterogeneidad de los experimentos y planteamientos adoptados bajo la   denominación común de Living Lab está causando cierta confusión que de no aclararse podría enfriar las expectativas de la sociedad y convertirlo en una moda pasajera. Creo que es interesante detenerse a analizar el origen del concepto para entender mejor como delimitarlo.

El primer Living Lab oficialmente reconocido se desarrolla en el Massachussets Institute of Technology (MIT) Media Lab por el recientemente fallecido profesor de arquitectura Bill Mitchell (o B1 como se le conocía familiarmente). Este primer Living Lab seguía la conocida tradición en arquitectura de experimentar con edificios reales. Todavía podemos ver muchos de estos edificios “experimentales” en las calles de nuestra ciudad. El Living Lab del MIT fue concebido con el fin de utilizar las TIC para encontrar formas innovadoras de cambiar la vida en entornos urbanos. La investigación se centra en la actualidad en encontrar energías alternativas, desarrollar un nuevo enfoque a la salud de las personas y fomentar el desarrollo de entornos creativos. Además de la experimentación en entornos reales o semi-reales, existen tres aspectos de este Living Lab que conviene tener en cuenta como modelo por todas aquellas personas e instituciones decididas a lanzarse a crear un Living Lab.

En primer lugar se debe analizar el espacio de conocimiento que el Living Lab intenta explorar. Un Living Lab es un ecosistema de innovación en el que el usuario es utilizado como catalizador de nuevas ideas y tecnologías. Está demostrado que la innovación basada en el usuario suele aportar mayor valor en ámbitos de conocimiento ajenos a los que normalmente opera una empresa. Por ejemplo, el Living Lab del MIT se utiliza en la exploración de áreas de conocimiento todavía vírgenes. Por tanto, los Living Labs más eficaces serán aquellos que exploren tecnologías emergentes y áreas de conocimiento inexploradas. Esto implica que la distancia entre el conocimiento generado en un Living Lab y el mercado es bastante amplia. Sin embargo, la utilidad empresarial de este enfoque es innegable, ya que actúa como bisagra entre la investigación básica de centros de conocimiento como el MIT Media Lab y la investigación aplicada de las empresas que transforman este conocimiento científico básico en productos y en nuevos modelos de negocio. Esto implica que los Living Labs sean más rentables para aquellas empresas que estén siguiendo una estrategia de diversificación tecnológica hacia nuevos campos de conocimiento y sea poco útil para empresas con una estrategia de innovación estrecha enfocada en un campo de conocimiento muy delimitado.

En segundo lugar, el Living Lab es un ecosistema que necesita de la interacción de distintos agentes para tener éxito, es decir generar conocimiento que permita la creación de productos y soluciones demandados a gran escala. En la actualidad muchos de los Living Labs que se crean en la actualidad carecen de la presencia de uno de estos agentes y por tanto se ven cojos y empujados al fracaso una vez se terminen las subvenciones de las que viven muchos de ellos (algo que comentaremos más adelante). Los elementos que necesita un Living Lab se encuentran en el primer Living Lab del MIT y son: 1) Un centro de conocimiento que desarrolle conocimiento de calidad. 2) Los usuarios: involucrados en distintas etapas del funnel de innovación (idea, desarrollo, prototipado o testeo). En este sentido, es importante que la base de usuarios sea representativa de los mercados hacia los que se orientarán las soluciones futuras. Un problema de los Living Labs actuales es su enorme segmentación que impide realizar experimentos cuyos resultados puedan ser extrapolados más allá del entorno específico en el que se ha desarrollado el Living Lab. 3) Los arquitectos de innovación: estos son las empresas o entidades que transforman el conocimiento básico en un producto con un modelo de negocio orientado normalmente a la tecnología. 4) Los tractores de innovación: empresas o entidades que constituyen la demanda de innovación y permiten la transformación del producto “en bruto” en un producto más enfocado al mercado y el escalamiento de la solución a mercados de masa.

Finalmente, los Living Labs deben ser sostenibles en el tiempo. Esto significa que deben sobrevivir por la contribución económica de las empresas/instituciones que posteriormente explotarán el conocimiento y no por subvenciones, siempre sometidas a vaivenes políticos. Además, el modelo basado en las contribuciones crea unos lazos mucho más fuertes y una cooperación más activa entre empresas/instituciones y el Living Lab. Sin embargo, conviene puntualizar que los Living Labs deben tener claro desde un comienzo el modelo de cogestión de los derechos de propiedad del conocimiento que se genere en el mismo, dejando claro desde el principio la propiedad del conocimiento que puede recaer en la institución que gestiona el Living Lab, la empresa que financia los experimentos o incluso el propio usuario.

Como conclusión, el Living Lab es una poderosa herramienta de adaptación al nuevo paradigma de innovación dirigida por la demanda, sin embargo la situación actual nos indica que las organizaciones necesitan aprender a utilizar esta herramienta. Posiblemente, a medida que vayan menguando las ayudas públicas a los Living Labs se producirá una significativa criba, especialmente en Europa, donde los tres pilares comentados en este breve artículo determinarán el éxito y supervivencia de los Living Labs de la próxima década.

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